Si esto es un hombre

Si esto es un hombre

Author:Primo Levi
Language: es
Format: mobi
Published: 2008-04-27T23:00:00+00:00


MÁS ACÁ DEL BIEN Y DEL MAL

Teníamos una incorregible tendencia a ver en cada acontecimiento un símbolo y un signo. Desde hacía setenta días se hacía esperar el Wäschetauschen, la ceremonia del cambio de la ropa interior, y ya circulaba insistente la voz de que faltaba ropa interior de recambio porque, debido al avance del frente, los alemanes no podían hacer afluir a Auschwitz nuevos transportes; «por eso» la liberación estaba cerca; y paralelamente, la interpretación opuesta, que el retraso de la muda era signo seguro de una próxima liquidación integral de todo el campo. Pero la muda llegó y, como de costumbre, la dirección del Lager se preocupó de que llegase de improviso y al mismo tiempo a todos los barracones.

Es preciso saber que en el Lager la tela escasea y es preciosa; y que el único modo que tenemos de procurarnos un trapo para limpiarnos la nariz, o un retazo para los pies, es precisamente el cortarle el faldón a una camisa en el momento de la muda. Si la camisa es de manga larga, se le cortan las mangas; si no, uno se contenta con un rectángulo de abajo, o se descose uno de sus numerosos remiendos. En todo caso, hace falta algún tiempo para procurarse aguja e hilo, y para realizar la operación con cierto arte, de modo que el estropicio no sea demasiado evidente en el acto de la entrega. La ropa sucia y rasgada pasa a granel a la Sastrería del campo donde es sumariamente zurcida, luego a la desinfección con vapor (¡no al lavado!) después es redistribuida; de ahí que, para salvar la ropa usada de las mencionadas mutilaciones, sea necesario hacer llegar la muda de la manera más imprevista.

Pero, siempre como de costumbre, no se ha podido evitar que alguna mirada sagaz penetrase bajo el toldo del carro que salía de la desinfección, de modo que en pocos minutos el campo se ha enterado de la inminencia de un Wäschetauschen y, por añadidura, de que esta vez se trataba de camisas nuevas, procedentes de un transporte de húngaros llegado hace tres días.

La noticia ha tenido una resonancia instantánea. Todos los detentadores abusivos de segundas camisas, robadas u «organizadas», o tal vez honestamente compradas con pan para protegerse del frío o para invertir capital en un momento de prosperidad, se han precipitado hacia la Bolsa, esperando llegar a tiempo de cambiar por géneros de consumo su camisa de reserva antes de que la oleada de camisas nuevas, o la certeza de su llegada, devaluasen irreparablemente el precio del artículo.

La Bolsa es siempre activísima. Aunque todo cambio (mejor, toda forma de propiedad) esté explícitamente prohibido, y aunque frecuentes rastreos de los Kapos o de los Blockälteste atropellen periódicamente en una sola fuga a mercaderes, clientes y curiosos, sin embargo, en el ángulo nordeste del Lager (significativamente en el ángulo más alejado de las barracas de la SS), apenas las escuadras han vuelto del trabajo, se reúne un concurso tumultuoso, al aire libre en verano, dentro del lavadero en invierno.



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